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Mi esposa y yo tenemos el secreto para un matrimonio feliz: * Dos veces a la semana vamos a un restaurante y disfrutamos de una rica comida y un buen vino. Ella va los martes y yo, los viernes. *Llevo a mi mujer a todas partes, pero ella siempre encuentra el camino de regreso. *Le pregunté a mi mujer a dónde quería ir para nuestro aniversario. Ella me dijo: "a algún lugar en el que no haya estado desde hace mucho". Así que sugerí la cocina. *Con mi mujer siempre caminamos tomados de la mano. Si la suelto, se va de compras. *No he hablado con ella en 18 meses. Es que no me gusta interrumpirla. *Mi mujer tiene una tostadora eléctrica, una freidora eléctrica, una yogurtera eléctrica, una cafetera eléctrica y una batidora eléctrica. Ella se quejó: "hay tantos electrodomésticos que ya no queda lugar para sentarse". Entonces le compré una silla eléctrica. *La última pelea fue culpa mía. Mi mujer preguntó: "¿Qué hay en la tele? Y yo dije: "Bastante polvo". *Y recuerden: el matrimonio es la causa número uno de divorcio. Estadísticamente, el 100% de los divorcios comenzó con el matrimonio.

-“¿Hace un mes sembré zanahorias, y que crees que salieron?” –“¿Zanahorias?” –“No, salieron conejos ¡y se las comieron!”

Estaba un comerciante detrás del mostrador, sin clientes en el negocio y mirando hacia la calle, cuando ve en la vereda de enfrente dos hombres de traje, cada uno con su maletín, señalando su negocio y hablando entre ellos. De repente, los hombres comienzan a cruzar la calle hacia el negocio, y el comerciante piensa en voz alta: -“¡Dios mío, deben ser inspectores de los impuestos! ¡Por favor, Dios, yo nunca te pedí nada... pero esta vez... por favor sálvame, por favor, Dios!”. En eso, los dos tipos entran al negocio, abren los maletines, sacan dos pistolas automáticas y apuntándole le dicen: -“¡Entréganos todo, esto es un asalto!”. Entonces el comerciante mira al cielo y dice: -“¡Gracias, Dios, sabía que no me ibas a fallar!

Un periodista entrevista a un famoso político: -“Diputado, ¿cómo fue el inicio de su carrera?”. –“Bueno... fue en la infancia; yo todavía estaba en la primaria... un día mi padre me llamó y me dijo: "Hijo, a partir de hoy te voy a dar mil pesos todas las veces que saques una nota mayor que 7"; entonces, hablé con la profesora y le propuse: "Escuche Srita. Clotilde, ¿no le gustaría ganarse quinientos pesos de vez en cuando?”

A solo un mes de casada, la hija llega a la casa de su madre, llena de moretones. –“¡Hay mamá! ¡Ricardo me pegó!” –“¿Ricardo? Yo creí que estaba de viaje”. –“¡Yo también mamá!”

Algunos años después del casamiento, el marido, con remordimiento de conciencia, le propone a la mujer: -“Amor, ¡vamos a jugar al juego de la verdad! Nosotros nos contamos nuestros secretos, los guardamos, y prometemos perdonarnos, no importa lo que sea ¿OK?”. –“¡Claro, amorcito!”. El marido, nervioso, comienza: -“Bueno... a los dos meses de casados, estuve con tus dos hermanas… ¡a la vez!” La mujer lo interrumpe: -“¡Con mis dos hermanas!”. -Y el marido: -“No olvides que prometiste perdonarme”. –“Está bien mi amor; te perdono. Ahora me toca a mí.... ¿sabes, mi amor? dos años antes de casarnos yo era hombre.

Esta era una vez que Pepito estaba en el salón de clases, cuando la maestra dice: -“Voy a escoger tres personas que me digan una oración que tenga que ver con estatua… A ver María, dime una oración con estatua”. –“Bueno maestra, pues yo fui al viejo San Juan y vi la estatua de Cristóbal Colón”. La maestra dice: -“¡Muy bien!... a ver Juanita, ahora dime tú”. –“Bueno maestra… yo fui a los Estados Unidos y vi la estatua de la Libertad”. -“¡Muy bien!... a ver Pepito, ahora dime tú”. –“Bueno maestra… yo fui a casa de mi abuela, ella tropezó conmigo, se cayó y está-tua lastimada”.

-“Pues sí muchachos, en lo más tupido de la selva, el león me vio con ojos crueles, abrió su boca descomunal, se dispuso a saltar y...” –“¿Y tú qué hiciste?” –“Cambié de canal”.

Un padre de cinco hijos se había ganado un juguete en una rifa. Para ser justo con ellos y dado que solo tenía un premio, los llamó para que fueran ellos los que decidieran quién tenía derecho al premio. Los niños se exaltaron y todos reclamaban el juguete para sí. Antes que la habitación se convirtiera en un pandemonium, el padre dijo: -“A ver niños, tenemos solo un premio y creo que debemos dárselo al que mejor se haya portado con Mami... así que decidan entre ustedes quién de todos es el más obediente, quién es el que nunca le contesta a Mami cuando ella lo regaña, quién es el que hace todo lo que ella dice sin discutir…”. Los niños se pusieron serios y el mayor exclamó: -“¡Azo ´pa!, no se vale... ¡ya te lo ganaste!”

La mujer resuelve divorciarse de su esposo. Le pregunta el Juez, cuál sería la principal causa de tal separación. -"Compatibilidad de caracteres" -responde la mujer-. El Juez la corrige: -“la señora habrá querido decir "Incompatibilidad de caracteres”. –“No, no. En efecto es Compatibilidad de caracteres. Mire: A mí me gusta pasear, a mi marido también; me gusta el cine, a él también; me gusta salir a comer pizza los sábados y a él también; me gustan los hombres altos… ¡y a él también!”.

-“Papá, si sacamos buenas calificaciones, ¿qué vas a darnos de premio?” –“Voy a llevarlos a ver el avión que sale a Disneylandia”.

El cacique de la tribu, invitado a participar de una reunión de la Sociedad Conservacionista Indígena, viaja para la ciudad en autobús, acompañado de sus indios de confianza. A cierta altura del viaje se dirige a uno de sus ayudantes y le dice: -“Cacique con sed, Cacique queriendo agua”. El ayudante saca un jarro de la mochila, va al baño del ómnibus y vuelve con el jarro lleno. El cacique bebe del jarro con ansiedad y, al terminarlo, pide más agua. El ayudante vuelve al baño y regresa con el jarro lleno. El Cacique acaba otra vez con el jarro y pide más agua. Entonces, el ayudante va nuevamente al baño, pero regresa con el jarro vacío. –“¿Qué? -dice el cacique- ¿No haber más agua?” -“Haber si; pero ahora estar un carapálida sentado en el pozo”.

En un test grupal se planteó la siguiente pregunta a tres alumnos: “¿Qué desearía que dijesen de usted en su velorio?”. El primero responde: “que fui un eminente médico y excelente padre de familia”. El segundo dice: “Que fui un hombre maravilloso, excelente padre de familia y un profesor de muy buena influencia para sus alumnos”. Y el tercero: "A mi me gustaría que dijesen: ¡Mira...se está moviendo!".

Se encuentran dos gallegos: -“Oye Venancio, ¡que tengo un pato que habla!”. –“¡Vamos hombre, no digas tonterías!”. –“¡Que sí, ya verás, ven a mi casa!”. Llegan a la casa, abren la puerta y aparece un pato. –“A ver pato, tráeme una corbata”. –“¡Cuaaa!” –“La rayada, por favor”.

Un hombre ve con diversión a un niño que va por la acera, montado en una carretilla roja y ataviado con un casco e impermeable amarillo, como un perfecto bombero. La carretilla es jalada por un perro de bastante buen tamaño, el cual está amarrado a la carretilla por los testículos, lo que probablemente explica el paso tan curioso que lleva el perro. Acercándose, le dice al niño: -“¡Qué buen carro de bomberos tienes, compañero!, pero... ¿no crees que el perro jalaría mejor y mucho más contento si lo amarras del cuello en lugar de los testículos?”. –“Seguro que sí”, replica el niño -“pero entonces ¡me quedo sin sirena!”.

Jaimito estaba en el salón de clase con sus compañeros. Como la profesora no llegaba, todos los alumnos comenzaron a hacer alboroto. Cuando llegó la profesora vio el desorden que había y comenzó a interrogar a los niños: -“¡Juanita!, ¿Qué hiciste?” –“¡Ay miss!, yo rayé el pizarrón”. –“Juanita, ¡estás castigada!... A ver, Pedrito, ¿y tú, qué hiciste?”. –“Mmm… tiré mi pupitre contra el suelo y lo rompí, señorita”. –“Pedrito, ¡estás castigado!… A ver, Jaimito ¿y tú?”. –“Yo tiré serpentina por la ventana”. –“Bueno, eso no fue tan grave, no te voy a castigar”. Pero al pasar unos minutos, tocan la puerta de la clase y entra una niña toda golpeada, la profesora le pregunta: -“¿Quién eres?” –“Yo me llamo Serpentina”.

Dos amigas treintonas conversaban: -“¡Odio ir a las bodas!” -¿A poco? ¿Y eso, por qué?”, le pregunta la otra. –“¡Es que siempre me encuentro a las latositas de mis tías y empiezan a decirme: "¡Ay mijita, cómo nos gustarías que la siguiente fueras tú! ¡Ya estás en edad!” -¡Ay, pero qué lata con las ruquis de tus tías, ¿eh? ... con mis tías era igual”. –“¿A poco?” –“Sí, hasta que empecé a decirles lo mismo en los funerales.

En un juicio dice el fiscal: -“Miren al acusado, su mirada torva, su frente estrecha, sus ojos hundidos, su apariencia siniestra...” Y el acusado interrumpe: -“¡Pero bueno!, ¿Me van a juzgar por asesino o por feo?”

Faltando dos días para el casamiento, el novio, muy católico, va a conversar con el cura. –“Padre, vine a verlo para proponerle un negocio: yo le doy éstos 500 dólares a cambio de que usted omita algunos detalles del acostumbrado discurso de casamiento, como: "amar, honrar, ser fiel, etc.". El padre acepta el dinero pero cuando llega el día del casamiento le dice: -“Joaquín, prometes vivir solamente para ella, obedecer cada una de sus órdenes, llevarle el café a la cama todos los días y jurar delante de Dios que nunca tendrá ojos para ninguna otra mujer?”. El novio, desorientado pero sin salida, termina aceptando. Mas tarde, durante la fiesta, llama al padre a un lugar aparte: -“¿Que pasó? Yo pensé que habíamos llegado a un acuerdo”. -El padre le devuelve los 500 dólares y le dice: - "Lo siento mucho hijo mío, pero ella triplicó tu oferta”

Cuando comenzó la música, el borracho se levantó tambaleando y se dirigió a una señora de negro: -“¡Hic!... ¿me daría el placer de acompañarme... hic... en ésta pieza?” –“No, por tres motivos: primero, porque usted está borracho; segundo, porque no están tocando una pieza bailable, sino ¡el Himno Nacional!; y tercero, porque no soy señora ¡soy el cura de la Iglesia!”.